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[Columnas al pie] La Revelación

por Orlando Aliaga

Es jueves y una pareja de haitianos vende productos de limpieza en la feria de la Villa Sur, en Avenida Departamental, frente de Lo Valledor y de la histórica población La Victoria. No es fin de mes ni quincena y es muy temprano aún. Hay poca gente.

Él, que no habla casi nada el castellano de por acá, ni de ninguna parte, es quien cuenta el dinero para dar vueltos, y mete lo que vende en bolsas plásticas negras. Ella, quien sonríe amablemente, maneja los precios y atiende a las personas. Ambos se muestran dignos y serios en lo que hacen, imaginando que a eso vinieron a Chile, mejor dicho, a eso deseaban venir cuando renunciaron a su tierra natal; a la violencia y la pobreza; las fiestas y las costumbres; la política oscura; las enfermedades. Al enigmático y clandestino vudú. Todo eso dejaron, y más. Pero a eso vinieron. A ganarse el techo y el pan, mientras su hijo de casi dos años está unas cuadras más allá, en la sala cuna menor del jardín JUNJI. Lo postularon y milagrosamente quedó. Entonces, pueden trabajar tranquilos y lo saben, lo aprovechan.

Después de cachurear en la escuálida feria, y mientras vuelvo con las manos vacías a la casa, en lo primero que pienso es en lo poco que sé sobre los haitianos. Entonces, como casi siempre, saco a relucir ese espejo de feria de juegos que es el fútbol, que como dice Juan Villoro: tiene la insólita capacidad de reflejar y aumentar la realidad.  En un estadio, un fin de semana cualquiera, se pueden cristalizar variadas problemáticas sociales que no son producidas por el juego mismo, pero que se dan, como absurdos nacionalismos; la homofobia y la violencia; la manipulación política y disputas por el espacio común; costumbres y ritualidades, vestimentas y cánticos populares. En fin, la experiencia del deporte y todo lo que lo rodea.

¿Qué sé sobre el fútbol de Haití? Nada. ¿Se juega al fútbol en Haití? No sé. ¿A los haitianos les gustará tanto la pelota como a nosotros? Sólo sé que nada sé y ante eso lo más fácil y rápido es comenzar por investigar los mundiales y ver cuál ha sido la participación caribeña. Si es que la tiene, claro. A veces tengo la firme convicción que en las copas del mundo se juega la historia y el desarrollo futbolístico de un país.

Pienso en qué información tengo en papel antes de ir a Google. Entonces recuerdo que en la casa está esa reedición de Panini del Mundial del 74, que viene con todas las láminas impresas. Algo así como un ex álbum de láminas devenido álbum fotográfico.

Hojeo y hojeo. Me dan ganas de detenerme en las dos páginas de Chile, donde advierto un flagrante error: Julio Crisosto aparece en el equipo, siendo que fue uno de los que se quedó abajo del avión pese a su participación con goles en la clasificatoria. Como el Candonga Carreño en el 98.

Casi llego al final. Entonces, la aparición. El momento preciso. Lo exacto. Lo que concuerda. Lo que armoniza con el cosmos. La anagnórisis griega o el descubrimiento de lo oculto. Una revelación como decía mi sugerente profesora de Lenguaje.

En una sola página, luce ante mí, parte del equipo haitiano que se ganó el cupo venciendo, nada más ni nada menos que, al siempre mundialista país mexicano. Me froto las manos con la información que mi álbum devenido fotográfico me entrega. Haití, junto al equipo africano de Zaire son las novedades del certamen, en grupos encabezados por rivales fuertes como Argentina e Italia, para los centroamericanos, y Brasil para el conjunto del continente negro. Un mundial que no contó con varias potencias europeas: Francia, Inglaterra, Portugal y la URSS.

Lentamente comienzo a ser hincha del equipo caribeño. Resulta que Haití terminó último en un grupo donde clasificaron Polonia (reciente campeón de la Eurocopa) y Argentina, que sólo superó por diferencia de gol a la poderosa Italia. Días más tarde, los argentinos hicieron casi el ridículo cayendo en la fase final por 4 a 0 frente a la Holanda de Cruyff. Los haitianos recibieron 14 goles y sólo anotaron 2. Uno a Italia y otro a Argentina ¿Quién o quiénes marcaron esos dos goles?

Dejo el álbum y voy a Internet. La otra revelación: Emannuel “Manno” Sanon, espigado negro de 23 años y delantero del Petionville de su país, le anotó sendos goles a Zoff y a Carnevali.

Anotarle a Italia en un mundial siempre será algo superlativo, pero romperle el récord de 1142 minutos de imbatibilidad al eterno Dino Zoff es quedar en la historia futbolera. No es una anécdota más, superflua como tantas que se suelen publicar hoy en día en las redes. Nada de eso. El gol es de increíble factura. Apenas comenzado el segundo tiempo, tras pase largo de Vorbe (el único blanco del equipo) Sanon se escapa; y a pesar de los agarrones del defensa azurro Spinosi, elude la salida de Zoff, quien de rodillas en el pasto observa cómo su récord de 19 partidos es pulverizado.

La banca haitiana celebra. Todos celebran. Imagino que Sannon sabe que lo suyo es lo soñado. Por un lado, la respuesta deportiva a la represión de  los Ton Ton Macoutes, grupo paramilitar que apoyaba al loco de Francois Duvalier, entonces dictador de su país. Y por otro, la promesa cumplida a su novia Suzie Kernisent de anotarle al legendario portero. “Si hay sol y calor, entonces anotaré un gol” le confesó. A cobrar.

Los rojos se abrazan como si el partido ya hubiese terminado. Absolutamente nadie en el olímpico de Berlín creía que una selección “débil” podría anotarle al mejor portero que había tenido la azzurra (hasta que apareció Gigi Buffón, claro) multi-campeón con la Juventus y considerado en ese momento como el mejor del mundo.

Sin embargo, todo dura seis minutos y la debacle caribeña. El orden resurge y el 3 a 1 será el resultado final. En el siguiente partido, los polacos les llenaron la canasta con un inapelable 7 a 0 y los argentinos les hicieron otros cuatro. Volvió a marcar Manno.

El saldo es positivo. Sanon es la gran figura y pasa de ser un desconocido más, a ocupar el sitio que merece: estrella del fútbol haitiano y uno de los delanteros a seguir por los empresarios del fútbol. Y de ahí no bajó más. Nombrado por la FIFA dentro los 100 héroes de los mundiales; anotó 47 goles con su selección y jugó más de cien veces. “Por alguna razón estamos aquí. Vamos a hacer algo importante. Soy más veloz que los defensas italianos” le dijo a la prensa.

Años más tarde, triunfó en el fútbol belga. Es el gran deportista y atleta de la historia de su país.

Sannon falleció el 2008 en la ciudad de Orlando, a los jóvenes 56 años, víctima de un cáncer de páncreas. “Por alguna razón estamos aquí”. Suficiente para comenzar a entender a los haitianos y haitianas que llegan por estos lados a anotarle al destino que, al parecer, les sonríe como el sol que invita a la gente a salir a la feria y a los pequeños al patio a patear pequeñas pelotas de todos los tamaños y colores. De todos los colores.

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