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[Imágenes Paganas (1)] La purga de Baradit

Baradit hoy no es el mismo, cambió. Su cambio es casi imperceptible, pero algunas luces lo hacen notar. Aquí Joaquín Pérez, en su primera entrega de “Imágenes Paganas”, nos muestra algunas señales de cambio.

Comencé a ver Chile secreto, la novísima apuesta de Jorge Baradit en TV, y recordé de inmediato mi impresión luego de leer una breve nota que está al final de la Historia secreta de Chile II, donde cordialmente invita a leer a historiadores de trayectoria para profundizar en los temas tocados. Esa vez no dejé de pensar en cómo el colega Baradit se apresuró en ir al SAPU antes de que comenzara la picazón, las molestias o las bajas de presión. De paso, a la vuelta se compró un botiquín; por si las moscas. Varios palos recibió luego del primer tomo y era quizás necesario salvarse de los juicios posteriores (y de los que probablemente vendrán con el tercer libro que estaba prometido de esta saga).

            Entonces claro, comienza el programa y veo a un Baradit usando un bolso de cuero —igual a un escolar ochentero—, observando atento a las locuciones de su invitados, quienes no eran esta vez un empaquetado Franzani simulando un interés profundo y una emoción infantil; sino que, por el contrario, compartieron con nuestro desmitificador: expertos, investigadores en la vida de Prat y del periodo de la guerra del Pacífico (inclusive un premio nacional de historia figuraba entre sus invitados, y no cualquiera). No dudo por supuesto de la veracidad de los profesionales colaboradores con quienes compartió en su primera emisión, de los cuales el más freak era un sociólogo de nombre Bernardo Guerrero, quien bajo su sombrero siciliano y sus gafas negras para un día seminublado, fácilmente hacían creer que Larry Moe acompañaba a nuestro inflexible autor en la conquista del lado oculto del primer héroe propiamente nacional. Sin embargo, me interesa ver como en esta nueva experiencia televisada, Baradit, o su director —o los creadores de este espacio—, recuperan un viejo formato habitual para tratar los temas culturales, en donde un esterotipo de carisma visual recorre la historia mediante la guía de un experto. No está la insolencia del guerrero solitario desplegado en los libros, los que dicho sea de paso eran ejercicio de coraje aventurero en una zona difícil de estar. Baradit, ahora se convirtió en el comentarista, en quien sostiene el aura de enigma constante durante la hora de programa, en quien hace las preguntas obvias del espectador ignorante con ansias de nuevo aprendizaje, en quien asiente con el meneo vertical cada afirmación, muchas veces tajante, del maestro de turno.

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            Jorge Baradit, en cierto modo, nos ha invitado a su propia purga, y esta se caracteriza por el acompañamiento de pedagogos del saber. Antes era él quien estaba develando, ahora es el vaso comunicante entre la expertiz y las personas invadidas por la “caricatura conservadora”. Ambos caminan por lugares emblemáticos a la vida del personaje en revisión, y la cámara no es más un sapo que deja constancia del despliegue desmitificador de los interlocutores. Hoy anima el show, y lo hace no sin la espectacularidad que bien ha ido adoptando tras largos meses de revelación semanal en Mentiras Verdaderas, usando para sí la música a su favor muy a la usanza del personaje Robert Langdon en El código da Vinci (la película), cuando este también va descubriendo la trama final escondida por poderes facticos, ocultos, de fines conspirativos bajo la mistica clara de Hans Zimmer (*). No es raro entonces que los comentarios habituales fuesen “por fin la historia como siempre debió ser” o “la historia tal cuál es”. Baradit, bajo este nuevo prisma hoy televisivo, se purga a sí mismo. Rompe mitos como siempre, no deja de ser el enganche entre lo oculto, lo desmerecido y lo masivo, claro está; pero ya no es el protagonista, no es ya quien bajo tres cámaras enfocadas solamente en él revelaba los pormenores habituales de la historia que a la mayoría no nos resulta habitual, hoy es el joven guiado por los maestros, hoy es el escolar que se entretiene con la historia anecdótica y farandulezca. Baradit, en pocas palabras, se purgó. Y gracias a Chilevisión somos testigos de ello.

Posdata: Rara vez la forma va por un camino tangencialmente distinto al fondo: de tal modo leo el cambio de televisivo de Jorge Baradit. No es igual ser quien “revela el lado b”, “la cara oculta”, “los aspectos desconocidos” de los personajes del pasado que ser un intermediario del conocimiento profundo y detallado.  De protagonista pasar a ser secundario, además de traicionar la idea que estaba detrás de Historia secreta de Chile: un conocimiento —o un punto de vista— concientemente mirado en menos, revelado y contado utilizando elementos de la oralidad como recurso propio. De hecho a esta altura me parece más genuino este último ejercicio que la purga traicionera de Chile secreto.


(*) Igual es buena la música de El código da Vinci, es épica, gloriosa y divina. De colocarla en Chile Secreto, con Baradit caminando hacia el horizonte a media luz funcionaría espectacular. Aquí va para el disfrute ocasional:

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