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DCsperados

La Real Academia de la Lengua Española define la palabra irrelevante como algo que no tiene importancia: intrascendente, insignificante, vano y fútil. Es lo que define perfectamente a la Democracia Cristiana en estos últimos 28 años de democracia… y en los últimos 60 días.

Ayer, en la junta nacional del partido falangista, se resolvió que seguirán aliados a la centroizquierda, incluido el Frente Amplio. Aquella señal encendió las alarmas en los sectores más conservadores (llamados moderados también) de un viraje estratégico a la izquierda más dura. No podría ser peor para un partido que ha visto escapar a referentes como, por ejemplo,  Mariana Aylwin. Gutenberg Martínez podría ser el próximo en abrir la escotilla de salida.

Revisando los últimos resultados electorales, incluyendo el fracaso en las urnas de Carolina Goic en noviembre pasado, la DC no pasa de los 20 diputados y seis senadores. En 1993 alcanzaron 38 diputados; hoy sólo tienen 13. Un síntoma grave de un partido que está entrando en fase terminal de invisibilidad pública: encaminado a la irrelevancia, tal como le sucedió a la bancada radical en el mismo año en que la falange, con la entonces Concertación, era la dueña de las dos cámaras.

Si la Democracia Cristiana quiere recuperar su sitial en la sociedad debe pensar que ya no es el partido de la transición. La política está segmentada y existen más clivajes que hace cuatro décadas. Los nuevos grupos de presión que exigen conocer cuál es el domicilio político del partido y reconquistar a sus electores perdidos.

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