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Inventar hechos, equivocar decisiones.

“El hombre que no está informado no merece tener opinión”, ese es el lema que por décadas ha consignado una radioemisora nacional al momento de iniciar su respectivo noticiero. Suena de perogrullo esa afirmación, pues debiera ser un elemento fundamental para cualquier ciudadano cuando éste tiene la potestad de defender una postura, basado en un fundamento que permita ser defendible dignamente frente a cualquier adversario. ¿Pero qué pasa cuando esa información que se presenta sobre la mesa no solamente está errada sino que malinterpretada y tergiversada intencionalmente? Se instala una fantasmagórica percepción de la verdad, lo cual implica tomar decisiones futuras con una completa seguridad, que con el paso del tiempo podremos arrepentirnos si se nos cuenta más adelante que todo lo que creíamos cierto fue manipulado por terceras personas, quienes a su vez llevaban a cabo esta farsa para ciertos objetivos que, de ahora en adelante, especulamos, armándonos nuestras propias teorías conspirativas.

Eso anterior lo hacen usuarios desconocidos de internet, y es relativamente fácil caer en las noticias falsas para que quienes no están instruidos, no cotejan hechos y viven en esa pereza que se traduce en leer sólo el titular y dos líneas de pie de página. Pero la gravedad se presenta cuando instituciones de prestigio y dilatada trayectoria de credibilidad a nivel nacional o mundial caen en este fenómeno de la “postverdad” y en la manipulación de acontecimientos o de datos estadísticos, engatusando a la población para que tomen actitudes y posiciones que de no mediar por aquellas no lo hubieran realizado jamás.

A partir de esto, naturalmente se generan las desconfianzas en contra de las instituciones y sus organismos. Pero no solamente se limita a sus estructura sino que esto abarca a su mismo contenido. La incertidumbre reina en cada palabra, en cada imagen y en cada fuente; cayendo en la tentación de ser nosotros mismos – como humanos sin una cualidad o preparación especial – quienes elucubremos nuestras informaciones de acuerdo a nuestras corazonadas o a nuestros intereses individuales, de tal manera que si la realidad, absolutamente comprobable e irrefutable, es adversa, nos sometemos a la negación recalcitrante y seguimos manteniendo esas afirmaciones irreales, cegando nuestro criterio y auto complaciéndonos. Toda verdad que no juegue a favor de cada uno de nuestros anhelos no es cierto, puesto que hay una conspiración detrás de esto para perjudicarnos.

Que el Banco Mundial haya reconocido que perjudicó intencionalmente a Chile en el ranking de competitividad económica durante los últimos cuatro años, mientras Michelle Bachelet ostentaba – sigue ostentando – el cargo de Presidenta de la República, no es más que un ejemplo en la cual una información manipulada y tergiversada por externos concluya en que los ciudadanos tomen decisiones erradas.

No va a faltar quien no crea esta noticia.

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