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[Columnas al Pie] El Inmortal Aurinegro

Por Martín Oyanedel Ulloa.

La segunda ciudad más grande de Chile estaba paralizada. Ancianos, adultos y niños hacían flamear sus banderas al viento. El amor, la fidelidad y la confianza comenzaron a llegar al Ester Roa Rebolledo de la ciudad penquista. La cita era a las 15 horas, sin embargo, dos horas antes ya comenzaban a llegar las familias a donde es habitual la localía de la Universidad de Concepción. El Vialito, reconocido equipo penquista se jugaba su vuelta al profesionalismo. Sí, el mismo que vibró con los goles del argentino Mario Alberto Kempes, esperaba subir a la Segunda División chilena, tras dieciocho años en el amateurismo.

Desde sus inicios el Club Deportivo Ferroviario Almirante Arturo Fernández Vial (1903), hoy Corporación Club Deportivo Arturo Fernández Vial, tuvo un difícil existir. De hecho, su fundación esta en incertidumbre, debido a que no existen registros de su nacimiento. El Inmortal como se conoce actualmente, tuvo que esperar más de 70 años para poder tener una de sus temporadas de bonanza, donde mantiene un record que aún no se rompe: en dos años subir desde la Tercera División a la división de honor del fútbol nacional. Vivió momentos en los que pudo desaparecer, el mayor tiempo de su historia, pasó deambulando entre la tercera y segunda división de Chile. Muchas veces se creyó que uno de los más populares del sur iba a desaparecer, pero se agarraba de la rebeldía y estirpe del General Arturo Fernández Vial, para sostenerse, para tomarse desde el amor y la fidelidad de sus hinchas para seguir existiendo.

Ese sábado 18 de noviembre, más de 15 mil personas asistían al estadio para ver al Aurinegro, para entregarse por entero para que el histórico club logrará volver al profesionalismo. El estadio era una mezcla de pasado, presente y futuro. Los más longevos se dejaban llevar por el relato que emanaba de las radios a pilas que llevaban en sus manos; sus hijos, vivían y vibraban solo con lo que ocurría dentro del campo y, los nietos combinaban las redes sociales de sus smartphones con lo que sucedía en el césped del estadio. Noventa minutos que mezclaron los tiempos. Un respaldo sin igual que, ansiaba por el ascenso del Vial.

Tras los noventa reglamentarios, el juez termina el partido y provoca la aceleración de los corazones Aurinegros. Cinco a cero fue el marcador a favor del ferroviario. Locura total en el Ester Roa. El mismo estadio que es testigo constante de las adversidades de sus clubes, pero que alberga hinchadas fieles. Hinchadas que están ahí en las peores apoyando a sus equipos. Y no hablo solo del Vial, sino que también de su archirrival, el desafiliado Deportes Concepción.

Celebran los hinchas, celebran los socios del Vialito, celebran los históricos jugadores Alberto Robles, Horacio Muñoz y Enrique Obregón, lo propio hace su ex DT Nelson Bonifacio Acosta y desde Argentina uno de los jugadores más célebres, campeón del mundo con la Albiceleste, Mario Alberto Kempes. El amor por el Vial no sabe de fronteras. La locura por el Auri no tiene remedio.

El Inmortal no le dio la espalda a su pueblo penquista y respondió en la cancha. Tal como lo hiciera el mismo General Arturo Fernández Vial, cuando se negó a derramar sangre y a traicionar a su pueblo, tras las ordenes de German Riesco. El Vial es vida, es esfuerzo, es pasión, es amor irracional.

 

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