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Muerto en vida

En las últimas entrevistas que Marco Enríquez-Ominami ha concedido a la prensa, nos podemos percatar que, pese a todo, el candidato presidencial sigue con su llanto verbal al referirse a Sebastián Piñera. ME-O ha estrujado esta estrategia hasta la última gota pero ya agotó el nombre y apellido del candidato de Chile Vamos, y lo que vimos este domingo no es más que una muestra del fin de la carrera política del líder del Partido Progresista. ¿Por qué ME-O ha perdido la credibilidad? Los números reniegan de aquel fenómeno electoral que nació en 2009 y murió en las elecciones municipales de 2016.
En 2005, un joven director de televisión irrumpía en la escena política al ser electo diputado por el entonces distrito 10 de la V Región. El Partido Socialista fue su ventana para llegar a la Cámara Baja y le resultó: obtuvo la primera mayoría con un 34,34% de los sufragios. Su aventura como honorable tuvo su peak al exigir que tanto el Senado como la Cámara de Diputados rindieran cuentas de sus actividades parlamentarias. ME-O lo hizo al finalizar su período el 11 de marzo de 2010. La transparencia fue su bandera de lucha.
La candidatura presidencial fue el mayor desafío de ME-O para aquel 2009. Su discurso y perfil del político no tradicional, aludiendo a la entonces Concertación y a la Alianza, gustaron al electorado que lo premió con más de 1 millón 400 mil votos y un 20,14% del total nacional. Pero no pudo llevar a ningún parlamentario con su coalición. En 2013, ya con el Partido Progresista constituido, obtuvo un desempeño menor cercano al 11%, gracias a la cantidad de candidatos que se presentaron a los comicios (9), pero con un diputado en el congreso: Vlado Mirosevic del Partido Liberal (hoy en el Frente Amplio). Estos resultados dejaban tranquilo a ME-O para trabajar en el tercer intento… hasta marzo de 2016.
Llega marzo de 2016 y es año electoral: las municipales son la prueba de fuego para el PRO y ME-O, hasta que Reportajes de La Tercera, en su edición del 13 de marzo, publicó un reportaje titulado La desconocida escala en Brasil de la campaña de ME-O. La pieza detallaba las reuniones que el abanderado progresista mantuvo con la empresa OAS, investigada por corrupción, para el arriendo de un jet privado utilizado en su campaña electoral, además de no declararlo como gasto de campaña ante el Servel. Pero el fantasma que mató las aspiraciones políticas del marido de Karen Doggenweiler fue SQM: el Consejo de Defensa del Estado se querelló en su contra por haber recibido dinero de boletas por servicios no prestados a SQM. El emisor fue su mano derecha, el periodista Cristian Warner. Las boletas sumaron un total de 391 millones de pesos y dejaron a ME-O con arraigo nacional y firma mensual. El exdirector de televisión acusó al fiscal Pablo Gómez de ser el operador político de Piñera (acusaciones que mantiene hasta hoy) para confundir a la gente. Su evaluación negativa fue cayendo hasta llegar a un 44% de evaluación negativa en la Encuesta CEP de Julio-Agosto, sólo siendo superado por la senadora UDI Jacqueline Van Rysselberghe. El mismo sondeo le da sólo un 1% de intención de voto, lo que complica su escenario para el próximo 19 de noviembre.
Por dignidad, ME-O ya debiera asumir que no tiene futuro más allá de ser una entelequia de quienes están molestos con la clase política. Atacar a otros candidatos no es la mejor de las estrategias, ni a los periodistas tampoco. Al final, esta carrera ya está cocinada.

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