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A 50 años… Mis experiencias con Fictions de Los Vidrios Quebrados

Quería hacer una especie de ensayo sobre por qué es importante hablar sobre Los Vidrios Quebrados y su importancia en el rock nacional. Pero me tardaría más de lo que pudiese imaginar. Pero tampoco quiero dejar esto en una simple reseña de un evento que tuvo como protagonistas no solo a los integrantes sobrevivientes de la agrupación, sino que también a aquellos que ya no están en el plano terrenal. Así que decidí hablar de Fictions en tres partes. Algo así como una reseña un poco más extensa de lo que acostumbro, pero viéndolo todo de forma más personal, contando cómo viví el disco y lo que presencié aquella noche de sábado.

I: ¿Qué chucha es esto?

Corría el año 2008. Por circunstancias de la vida, alguien me mencionó que la revista Rolling Stone, la misma que no se cansa de decirnos que Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band es el mejor álbum de todos los tiempos, había publicado una edición especial con una lista de los 50 mejores discos de música chilena.

“Vaya”, pensé a mis ingenuos 17 años, “entonces tenemos que puro comprarla” (Bueno no hablaba así de formal, pero imagínense ese mismo dialogo con un par de garabatos entre medio). La cosa es que terminé comprando la revista, la cual conservo hasta el día de hoy. Gracias a esta pude re-descubrir muchos discos como Las Últimas Composiciones de Violeta Parra, el cual fue catalogado como el mejor trabajo creado por un artista de esta larga y angosta faja. También aparecían obras magistrales como Alturas de Machu Picchu de Los Jaivas, la Cantata de Santa María de Quilapayún, por nombrar algunos. Había un par de discos que no conocía, pero de bandas que alguna vez había escuchado hablar en una que otra conversación.

Pero hubo uno que llamó fuertemente mi atención. En el lugar número 14 se hallaba un disco del año 1967 que no tenía ninguna pinta de ser parte del movimiento predominante de aquella década, la Nueva Ola. Era una portada fantástica: Cuatro chicos frente a lo que parecía ser un vidrial, con el nombre de la banda escrito al medio y el título del disco un poco más abajo. Al lado de la mini reseña, una foto de la banda. La reseña decía más o menos así:

Fictions, de Los Vidrios Quebrados, nos recuerda que, afortunadamente, no todo era Nueva Ola en el pop nacional de los años sesenta. Su eléctrica carga de beat, folk rock y arpegios barrocos impactó a sus pares, al igual que las agudas inflexiones de sus letras en un Chile aun latifundista”

La reseña estaba escrita por Gonzalo Planet, un nombre que yo en esa época no conocía, y que años después estaría muy agradecido de hacerlo. Esa descripción aumentó mi curiosidad así que decidí buscar en todos los blogs posibles para lograr descargar esa maravilla -Sí, lo sé, eso es piratear, pero encontrar ese disco original era prácticamente imposible-.

El punto es… Logré descargarlo, y le puse play. Lo que empecé a escuchar no era lo que me esperaba. No era el típico rock de la época. Claro que la reseña decía que era mucho más, pero Chile no era un país que se caracterizara por tomar riesgos musicales en la cultura pop en aquellos años, a menos que fueras Violeta Parra. “¿Qué chucha es esta wea?” me dije. Esto no tenía nada que envidiarle a The Beatles, o The Zombies, menos a lo que The Kinks estaba haciendo en aquellos años. Musicalmente eran una banda de beat, con toques barrocos, tal como decía la reseña. Las letras iban desde el cuestionarse por qué había que cortarse el pelo, hasta los cambios sociales que experimentaba un país convulsionado, e incluso hablaban de la homosexualidad de Oscar Wilde… ¡EN 1967! Ok, cantaban en inglés, pero no deja de ser atrevido tocar esos temas en aquellos años en que nos hacían creer que la Edad Media aun no terminaba.

Fictions pasó a ser así uno de mis discos de cabecera al hablar de música chilena. Si alguien quería entender la evolución del rock de este país, había que obligatoriamente pasar por este disco.

II_ 2013, año de un regreso inesperado

Hace cuatro años, por circunstancias de la vida, terminé conociendo a Matorral, una banda a la cual le tengo un respeto enorme. No solo hicieron otro gran disco nacional con una propuesta por lo más arriesgada: un disco doble llamado Resonancia en la zona central, sino que también se habían atrevido a cambiar su sonido a algo más calmo, con detalles más elaborados y experimentos sonoros interesantes en Remoto control. Terminé yendo a uno de los conciertos de presentación del disco, donde conocí a tremendos músicos, entre ellos a Gonzalo Planet, no lo recordaría, pero él había escrito la reseña de ese tremendo disco que se había hecho cinco décadas atrás.

Uno de los asistentes a ese concierto, un hombre que, según una descripción que me hizo un ex colega, se parecía mucho a George Lucas. Su sola presencia era llamativa. Pero lo que me enteré después fue aún más revelador. Mientras estaba afuera del teatro, y este hombre hablaba con un par de jóvenes, mencionó que había grabado Fictions. Mi sorpresa fue mayúscula cuando me enteré que ese hombre era Juan Mateo O’Brien, uno de los letristas, vocalistas y guitarristas de la banda.

Pasaron un par de meses y ese mismo hombre sacó un disco. Un tremendo registro llamado Gran Avenida. No solo era un disco que veía la vida con una veta distinta, sino que lo interpretaba un contador de relatos tan audaz, que casi hacías propio lo que él te narraba. Musicalmente era tremendo, pero sus versos eran directos y versátiles. O’Brien había vuelto a la música y yo era uno de los más felices con el acontecimiento. Me tocó presenciar el lanzamiento en la sala SCD de Bellavista. Fui como prensa en un medio que ya no existe. Y no daba crédito a tanta claridad mental que veía en ese hombre, acompañado por algunos músicos de Matorral, mientras cantaba sobre gente que se olvidaba de sus raíces, sobre la vida de un humano ordinario, sobre forjar el propio camino y cuestionar las creencias que justifican matar en nombre de un ser superior.

A fin de año conseguí una copia de Se oyen los pasos: La historia de los primeros años del rock en Chile. Del beat y la psicodelia al folk rock (1964-1973), escrito por Gonzalo Planet, donde contaba anécdotas sobre un movimiento rockero que no estaba bajo los cánones de lo que llamaban la Nueva Ola. Una de las historias es la de este grupo de cuatro jóvenes que estudiaron en la Universidad Católica, que conocieron el sonido de los primeros discos de The Beatles y formaron un grupo que marcaría el hito de crear el primer álbum de rock chileno con material 100% original.

III_ 50 años, no pasan en vano

Héctor Sepúlveda (guitarra y voz), Cristián Larraín (bajo y voz), Juan Enrique Garcés (batería) y Juan Mateo O’Brien (guitarra y voz) fueron los responsable de semejante magnus opus. De ellos, perdimos a Garcés hace algunos años, y a Sepúlveda lo perdimos a inicios de este 2017.

Este año se cumplen 50 años de su gran hazaña, y para celebrarlo Gonzalo Planet presentó el libro Ficciones. Los mil días de los Vidrios Quebrados, que reúne fotos inéditas de la corta vida de la banda. Y que mejor forma de darlo a conocer que juntar a los sobrevivientes a interpretar las 12 canciones del disco original, más dos temas incluidos en un sencillo lanzado en 1966. Por eso, el 2 de septiembre, en la sala SCD de Plaza Egaña, fuimos testigos de esta reunión, que no fue un acto que apela a una nostalgia de tiempos lejanos, sino que comprueban que el disco sigue sonando tan fresco, incluso hoy.

La banda de acompañamiento, fenomenal. Felipe Cadenasso en la guitarra incluso se dio el lujo de darle un toque Syd Barrett a las canciones. Larraín, tomando el bajo y dándole más potencia a la base rítmica que proveían Planet y el baterista Ítalo Arauz es algo que debes ver en vivo. Las armonías vocales de seguían ahí, a pesar de que la edad les jugara en contra en ocasiones, no impedía el hecho de que las canciones las sacaran con toda la fuerza que se permitían, y vaya que aplaudo eso. “As Jesus Wore His Own”, el tema de cierre fue como tener a Pink Floyd tocando un tema de The Zombies, acá en Chile. ¿Qué tenemos que envidiarles a los británicos cuando tenemos semejantes genios delante de nosotros?

Un breve homenaje a Garcés, y una entrevista a Héctor Sepúlveda, que incluyó la grabación original del tema “Friends” pusieron la cuota de emotividad, pero que no cayó en los clichés típicos de los homenajes, sino que todo se hizo con el cuidado respeto.

Al terminar la actuación, las muestras de admiración eran grandes. A 50 años de que Fictions saliera a la luz pública, sus canciones nos seguían volando la mente. La energía seguía intacta, y el tiempo no pesaba al momento de volver a recordarlas. Si usted aun no escucha el disco, hágalo. Si puede comprar el nuevo libro de imágenes, hágalo. Yo sólo tengo una palabra ahora para expresar lo que viví ese sábado, y lo que ese 2008 llegó a mí: GRACIAS.

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Fotos por: La cámara pobre del Sr. Alga

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