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Notas interrumpidas de lectura

Una economía cultural muy particular ha asimilado el ensayo a la labor periodística, lo que sin embargo ha permitido la creación de breves espacios donde la expresión profunda, lúcida y creativa tiene cabida. “Interrupciones. Diario de Lecturas”, un especial libro del editor Matías Rivas, es hoy objeto de lectura en Calle de sentido único, un espacio de crítica literaria en Radio Federación.

Pocas son las ocasiones en que un oficiante de editor entrega su posición secundaria, salta de la tribuna repleta de agizados y fervientes para ser actor principal del evento. En pocas ocasiones logramos ver al editor en cuerpo completo, mostrando sus fisuras, sus dificultades, sus complejos e incluso sus pulsiones. Es más que entendible que un editor se dé al mundo en su catálogo, en la gráfica utilizada en sus portadas, en los elementos materiales que selecciona para un libro, en los autores publicados. Este silencio del editor no es falsa modestia, me parece incluso que es la reproducción de la estampa de un deber: la vida mostrándose a través de las fisuras de la obra.

¿Qué se puede saber de un editor con Interrupciones?

En principio nada, o bien poco. No hay en el libro una metodología de trabajo, una sistematicidad del empleo o una ruta desde donde el editor orienta sus decisiones más fundamentales en cuanto a su oficio. La edición alberga una soledad insoslayable, pocas actividades alcanzan el carácter de absoluto en su despliegue. De tal modo, Matías Rivas, el editor de UDP, quien posee uno de los más vastos catálogos en lengua castellana, no parece estar.

Al menos por el momento.

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De otro editor, Galo Ghigliotto, escuché una sentencia casi inmutable en el tiempo: un editor debe leer de todo. Desde aquel momento se formó en mi una imagen del editor como quien alberga en sí una biblioteca completa, quien recorre toda la tradición y la conecta con la producción contemporánea para ver “qué se está haciendo”, “qué se dejó de hacer” o “qué se podría recuperar”.

Una suma de lecturas no convierten a nadie en editor, pero sí probablemente la conciencia de esas lecturas -la organización subjetiva y crítica de los textos en un estante mental de preferencias-, obligan al lector a tomar posturas con respecto al estilo, al tono y la noción de unidad que requiere cada libro.

O ni tan así puede serlo también.

Casi de entrada, Matías Rivas señala que “aunque me gusta mucho leer y deseo escribir con frecuencia, no podría decir con certeza qué es la literatura. Mi noción de ella se modifica permanentemente”. Y es que si bien esta inicial “Nota del autor” resulta ser lo menos prologuista de lo que sucede a posterior, si podemos notar una dispersión vasta entre distintas lecturas -complejas todas-, y que de no ser por el hecho de tener un autor este libro, pocas consideraciones de homogeneidad se pueden encontrar en el volumen.

Desde “variaciones y digresiones”, pasando por “apuntes sobre literatura chilena” y “lecturas parciales”, sólo se ve una gran masa informe de autores, textos, libros, distancias y encuentros de un sujeto crítico con sus pulsiones. Cada lectura es una autosofocación de sus más altos aprecios, un punto en que cada páginas recorrida resulta el principio de una metamorfosis del autor, quien se deja arrastrar por lecturas que indagan tanto en la especie humana como en quien es consumido por sus líneas. El libro recorre al lector de cuerpo completo -Matías Rivas parece saberlo bien-, y por lo mismo, no deja de anotar en sus páginas lo que como cuerpo sensible experimenta.

Dicho de otro modo, cada cúmulo de lecturas es una abierta y culposa entrega de información personal al libro que se tiene en manos. El libro lee tanto a Rivas como este recorre las páginas del primero.

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Cuerpo y lectura son una asociación no muchas veces percibida. Es algo que cada vez va quedando más en el ocaso la idea de un libro asimilado solo por el intelecto. Desde el tiempo destinado a un volumen, la postura para enfocarse en su lectura como los lugares para lo mismo, son, en gran parte, planteamientos que muchas veces pueden acabar determinando la lectura, o sea, el modo o la manera en cómo digerimos el texto.

MATIAS-RIVAS

Matías Rivas señala que “nunca he podido redactar algo sobre un libro que no esté filtrado por mi cuerpo, por mi carácter. La literatura siempre me ha interesado como vía de escape o salvavidas para quienes yacen a la deriva, aturdidos por el aburrimiento, anclados a su cama. Los conozco, fui uno de ellos”. No debe faltar probablemente en la vida de un buen lector un libro que sirviera de terapia en tiempos de oscuro horizonte. Y son precisamente aquellos libros los que mejor comprensión adquieren en épocas donde la intemperancia es mayor; por lo mismo, tales lecturas, desenfrenadas, caóticas, enfermizas, coléricas, parecen ser el leit motiv de las seleccionadas en Interrupciones, porque en ninguno de los ensayos se logra percibir un ápice de sapiencia obtusa y degradante. Siempre hay una intensidad profunda que solo la conjunción de espíritu y cuerpo pueden entregar. Lecturas que sirven como aceptación, entendimiento y precisión, pero también como decepción.

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Cabe destacar una lucidez y una madurez en los ensayos de Matías Rivas, ideas que tocan la elocuencia, la claridez y la expresividad tácita de un sujeto crítico. Se nota ello con mayor nitidez luego de conocer los lugares de exposición de estos textos: diarios y revistas masivas.

Como bien anota en un inicio el autor, el ensayo, ese terreno intermedio, difuso y sin bordes de escritura personal, por temas de economía básica ha debido encadenar sus lugares de expresión a medios de comunicación masiva, acortando sus espacios, cercenando la excesiva extensión y masticando -en algunas ocasiones- sus propios principios. Así y todo, los ensayos de Matias Rivas indagan en temas de actualidad cultural y social, reactualiza otros tantos, y da no pocas luces de autores nada masivos, haciendo notar sus evidentes virtudes y sus aún más grandes genialidades.

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No existe una relación clara entre la labor editorial del autor y este libro. Sin embargo, puede apreciarse el genio de un lector ávido, de un inquisidor de lecturas profanas y una mente de meticulosa indagatoria temeraria.

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“Interrupciones
Diario de lecturas”
Matías Rivas
Hueders, 2016
310 páginas

 

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