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El líder innato

Por Javier Figueroa

Champions League, el campeonato más importante a nivel de clubes europeos, el que acapara todas las miradas, el que es capaz de paralizar el mundo a mitad de semana para que todos sean testigos de enfrentamientos dignos de enciclopedias.

La versión número 50º de este prestigioso torneo, caía en el año 2005. Final electrizante -que sin ser jugada ya daba que hablar-, se enfrentaba el Liverpool de Inglaterra contra el A.C Milán de Italia. El Estadio Olímpico Atatürk de Estambul, en Turquía, sería el encargado de albergar y dar testimonio de una de las hazañas más épicas de la historia del mundo del fútbol.

Noche fría. El Milán, equipo capitaneado por Paolo Maldini, salió con todo. Comenzaba la dominación: pelota en pies de Pirlo, centro preciso al centro del área, y el capitán rozzonero conectaba de primera un balón imparable para Dudek. Minuto 1’, 1 a 0, todo cuesta arriba desde el inicio. Todo crecía, minuto 39’, Kaká para Shevchenko, el ucraniano que cede al medio para Crespo y el argentino no perdonó: 2 a 0, el título cada vez más cerca. 5 minutos más tarde, la lápida parecía caer en el primer tiempo. Kaká que dejó sólo a Crespo y nuevamente éste lograba batir al meta rival, esta vez, hasta de picotón. 3 a 0, todo y todos en contra para los ingleses.

Contra todo, contra todos, se iban al entretiempo. ¿Qué tan importante es tener un líder en las situaciones adversas? 3 a 0 en contra, tu misma afición enojada contigo por no demostrar el nivel con el que llegaste a la final; te están vapuleando ante los ojos del mundo, cayendo por goleada en apenas 45’ minutos. ¿Tienes fortaleza mental?. Steven la tenía.

Steven Gerrard, la viva imagen de lealtad y esperanza, el retrato hablado del amor por los colores, el capitán del barco que no fue capaz de hundirse con todo a cuestas, el mismo que fue el principal factor para que el Liverpool diera el gran golpe: El líder innato.

“En el descanso, Rafa Benítez habló. Intentó animarnos y ponernos de nuevo en el juego. Fue muy optimista, pero lo que realmente cambió el juego fue el discurso de ‘Stevie’. Él le pidió al staff técnico estar sólo con todos los jugadores”, aseguró Cissé en entrevista para The Mirror.

“Nos dijo que era un chico de Liverpool, que siempre había estado en el club, y que no quería ver a su equipo siendo humillado así. Dijo que si hacíamos un gol en los primeros 15 minutos del segundo tiempo, ganaríamos el partido. Él fue el encargado de marcar ese gol. Ha sido el mejor discurso de un capitán que escuché en toda mi carrera. Pidió a todos, incluido Rafa Benítez, que se fuera porque únicamente quería estar con los jugadores. Eso nos dio mucho poder para salir a ganar el partido. Necesitas pelotas para hacer algo como lo que Gerrard hizo”, concluyó.

Gerrard lo dijo, Gerrard lo hizo: minuto 54’, jugada por la izquierda, centro al área, y el capitán fantástico, el líder innato, se elevó más que todos, movió su cabeza -la misma que jamás ha dudado de la magia del fútbol- y conectó el balón, poniendo la primera gota de esperanza para el pueblo red. Brazos en el aire, “vamos, vamos”.

Dos minutos más tarde, la hazaña se veía venir: Smicer, desde fuera del área, remata con más fe que seguridad. Comba endemoniada, imposible de atajar. Ni por Dios. Pelota al fondo de las mallas, todo Inglaterra y el mundo creía ellos, luego de darles la espalda.

Minuto 60’, el capitán quería la hazaña más que todos. Gerrard que recibía en el área, cuando ya preparaba remate, es derribado en el área; pena máxima. Xabi Alonso, el encargado: tapada del arquero, balón que queda botando y el español toma el rebote con todo. La locura era total, nadie lo podía creer, era el 3 a 3, lo celebraba Liverpool, lo gritaba el mundo entero.

Los 90’ concluían. ¿El alargue?, un mero trámite para el destino. El Liverpool no daba más. El Milán, con más rabia que fútbol, iba con todo. Una y mil veces le podían llegar a Dudek, dos y dos mil veces les taparía todo. La redonda y la orejona ya tenían elegido a su próximo dueño.

La definición más injusta del fútbol, en este caso hizo justicia. Penales, los doce pasos definirían al campeón. ¿Dudek? Hasta sin brazos lo lograría; con el alma gigante del portero polaco, hasta el pie mágico de Pirlo falló el penal. ¿Alguien más? Shevchenko, al que no le había salido absolutamente nada en todo el partido, pateaba el último. Le temblaba hasta el último pelo de su rubia cabellera. Remate débil al medio, Dudek lo rechaza.

Liverpool campeón, y el líder innato decía misión cumplida. Que nadie nunca nos dé por muertos.

Capitán, nunca caminarás sólo.

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