Estás en
Inicio > Cultura Pop > Ríe o calla. El Humor en el Festival de Viña.

Ríe o calla. El Humor en el Festival de Viña.

Mi relación con el Festival de Viña del Mar siempre ha sido distante bajo dos puntos de vista: en lo musical y en lo televisivo. En lo musical, he entendido con los años que no formo parte del público al cual está dirigido este evento, que generalmente son mujeres adolescentes, jóvenes o adultas; por eso siempre invitan a artistas que cantan baladas, reggeatón o pop que saquen la mayor cantidad de suspiros y generen una catarsis colectiva en tonos muy agudos en la Quinta Vergara, acompañados del clásico cántico “Mijito rico“. Y en lo televisivo trato de ser indiferente a la manera de cómo los rostros de los canales y otros personajes de la industria farandulera buscan incrementar su excesivo ego en instancias como “La Gala” o la elección de la Reina del Festival.

Fuera de lo anterior, mis recuerdos de este certamen desde la niñez están ligados exclusivamente a los shows de humor que se realizan sobre el escenario, siendo observados por quien redacta esta reseña solo por la televisión (jamás he ido a la Quinta Vergara). Como muchos de ustedes, alabé y me reí con las actuaciones de los Dinamita Show en 1996, Álvaro Salas y Coco Legrand en el 2000, Felo en 2005, Stefan Kramer en 2008, Bombo Fica en el 2012, y Edo Caroe y Natalia Valdebenito en el 2016. Pero también miré y escuché las pifias del mal llamado “Monstruo” contra Oscar Gangas, Salomón y Tutu Tutu, Ricardo Meruane, entre otros; y la conclusión es que, más allá de lo divertido o aburrido de su repertorio, nadie, absolutamente nadie tiene la potestad, la atribución o el derecho de lanzar malas vibras, pifias o abucheos a un comediante sobre la tarima.

¿A qué hago referencia? A excepción de sus familiares o amigos presentes, no existe una persona que pague un boleto para ver a un comediante o humorista, pues lo hacen para ver a un cantante o banda musical que actúa en un día determinado, cantando a todo pulmón sus canciones hasta quedar ronco y sea complacido por 90 minutos o más; y si quedan gratificados, considerarán que ese dinero gastado valió la pena. Por ende, la presentación del o la comediante en Viña es un servicio adicional que se le otorga por esa entrada comprada, y ante eso el público tiene dos opciones: prestarle atención y si les parece gracioso(a) se ríe, o mantenerse en silencio e ir al baño o a comer algún alimento o a revisar el teléfono celular. Se dice que no existe en el mundo un público de festival que sea capaz de pifiar o abuchear a un artista mientras este último está sobre el escenario si no es de su agrado, y que ese fenómeno del “Monstruo devorador” no acontece más que en el Festival de Viña; de ser cierto tal afirmación, no debe ser para nada un motivo de orgullo, al contrario, hay que sentirse avergonzados de esa fama que damos como sociedad y como Nación.

En esto también influye en gran medida los medios de comunicación que hacen un sinnúmero de prejuicios y cuestionamientos infundados de comediantes por el solo hecho que sean desconocidos para la masa popular, como si eso fuera lo suficiente para vaticinar su éxito o fracaso. Y nuevamente viene la misma pregunta: ¿Quien dijo que ellos tienen la potestad para hacer ese ejercicio? La situación se agrava cuando reconocen que no han acudido a algún pub, restaurant, salón de teatro u otro espacio público donde el artista actúe y puedan desde ese sitio dar una opinión plausible de su demostración artística. Criticar desde el sillón de la casa suele ser fácil y no se requiere mucho gasto de energía, pero el argumento termina siendo débil, con opciones de ser derribado ante una mínima refutación coherente.

Dicho esto, y haciendo un análisis de las personas que deben hacer reír este año al público de la Quinta Vergara y a los millones de espectadores que lo ven por la televisión, cabe decir en primer lugar que la administración de Chilevisión (canal organizador del certamen veraniego desde el 2011) ha dejado atrás los llamados “clásicos del humor”, que ya triunfaron de sobremanera en al menos una oportunidad en Viña del Mar, y han dado la oportunidad a gente desconocida para la masa popular, pero que han tenido una importante trayectoria en otros escenarios menores; y en muchas ocasiones los resultados han sido positivos, adquiriendo esos comediantes mayor fama, siendo contratados por largo tiempo para cientos de eventos a lo largo del país y entrando, finalmente, en los anales del festival, entre muchos beneficios.

De los invitados para la versión del 2017 he podido ver en directo a dos de ellos: Juan Pablo López y Daniela “Chiqui” Aguayo. El que me dejó la mejor impresión fue el señor López, el año pasado, con una rutina basada en relatos personales y ciertas situaciones absurdas que hicieron reír exageradamente a la gente presente en el lugar donde me encontraba (Club Chocolate). Daniela, por su parte, siendo de profesión actriz, logra junto con Natalia Valdebenito en estar dentro de las mejores exponentes del humor femenino a nivel nacional, y encuentra un escenario como el Festival de Viña (de mayoría público femenino) en el mejor espacio para desenvolverse y obtener la atención necesaria dentro del espectáculo que ofrece.

Es curioso que la evolución del humor en el Festival de Viña del Mar vaya de la mano con la historia de nuestro país y a los cambios políticos, sociales y culturales que han acontecido en los últimos 45 años. No es coincidencia, entonces, que en la época de la dictadura militar predominara en la Quinta Vergara el humor blanco que no pudiese incomodar a ningún grupo, mucho menos a quienes de facto gobernaban Chile. Luego, con la entrada en vigencia del sistema democrático (parcial) se empezó a dar cabida a comediantes provenientes de estratos sociales bajos, se empleara herramientas surgidas en el circo, y se utilizara un lenguaje pícaro o que daba para segundas interpretaciones, en mayor parte de connotación sexual. Posteriormente, vino la irrupción de un talento innato para las imitaciones que rompió esquemas, para finalizar con rutinas cargadas a la crítica social, a la observación aguda de nuestro poco representativo sistema político y sus distintos actores bajo la mirada sarcástica, y a la apertura de nuevos talentos aparecidos en bares y restaurantes bajo la modalidad del “Stand Up Comedy“.

Muchos dirán que es parte de la moda tener referentes del Stand Up Comedy en el show más importante del país durante el año calendario, pero lo mismo dijeron del fenómeno musical del Reggeatón en el 2005 y que su finalización vendría luego, pese a que han transcurrido 11 años y sigue acaparando popularidad, surgiendo a la vez nuevos artistas y nuevos contenidos. Es probable que con este género humorístico pase lo mismo y que sigan apareciendo en los años venideros nuevos comediantes sobre la tarima hasta que aparezca, de una vez por todas en ese magno evento, el padre y gestor de toda esta camada surgida desde el siglo XXI: Felipe Avello.

 

Christopher Sánchez Grundt. Productor General de Radio Federación.

Loading Facebook Comments ...
Top