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El retorno de Campanario

Patricio se dirige al fondo de su hogar, ubicado frente al Templo Votivo de Maipú. Mientras camina indica que por lo menos dos de sus compañeros no pueden asistir aquel día porque agarraron los males del invierno: Gripes y resfríos. Al avanzar por el pasillo abre una puerta, prende una luz, e ilumina un cuarto donde tiene distribuidos algunos instrumentos. Un teclado, una batería, algunos vientos, llámese zampoñas, flautas, trompetas; pero la que llama más la atención es una larga trutruca, instrumento mapuche, que se encuentra apoyada a una pared.

-Esa es hechiza –dice Patricio, mientras la mira- la hicimos con un fierro largo que lo forramos con lana, es de la época en que tocábamos.

Al rato llega Francisco Provoste, amigo de la juventud de Patricio. Conversan sobre el truncado ensayo que tendrían ese día y que fue impedido por razones médicas de los demás integrantes

Patricio Jáuregui regresó a vivir hace algunos años en aquel lugar, su casa de la juventud. El cuarto donde están esos instrumentos, donde además se observa un modelo antiguo de mesa de sonido, es el mismo en que hace más de 30 años, junto a Francisco ensayó con una banda no muy renombrada actualmente en la escena chilena: Campanario.

Armando Campanario

Campanario se formó alrededor del año 1980, cuando un joven estudiante de Publicidad en el SIDEC (actualmente Universidad Santo Tomás) comenzó a interesarse por la idea de formar un grupo para participar de los café concert que organizaba el instituto.

-Éramos primerizos –comienza a recordar Francisco- Ningún estudiante de música, y un día armé una pequeña cosa con un percusionista que vivía en Gran Avenida (calle que se extiende por las comunas de San Miguel, San Bernardo y La Cisterna) que conocía a un flautista de Las Condes, a este último lo conocía del Liceo 11, era mi compañero. Él me presentó al Pato.

Patricio en esa época estaba estudiando una carrera que lo llevaría por el camino de lo audiovisual, pero también era pianista. Sus influencias iban más por la vía clásica, mientras que Francisco iba por la vertiente del rock de los 70, enfocándose en las bandas que sonaban en las radios locales por aquellos años, como Black Sabbath, Santana, Pink Floyd, entre otros.

-Guillermo Riffo que tenía una banda llamada Latino Música Viva, que a mí me gustaba mucho  y que en nuestros temas encuentras similitudes que se pueden extraer, y el jazz –recuerda Patricio mientras da conteo de las influencias musicales que lo “alimentaron”.

-Ahí borrón y cuenta nueva comenzamos a armar la banda con el Pato –sigue contando Francisco-  Trajimos un charanguista, tocábamos piano, guitarra de 12 cuerdas, y después llegó el bajista (Heraldo Barahona). Luego se hizo imprescindible tener una parte rítmica, teníamos a alguien que sólo tocaba bongos. Lito, el charanguista, conocía al baterista que estuvo en los primeros dos años de la banda, e hicimos hartas cosas ahí.

Por la banda pasó también William Rebolledo, hijo del locutor radial del mismo nombre que fue parte de Radiotanda y que se le reconoce como uno de los primeros rockeros de Chile, que por razones personales no pudo seguir con la banda. Tiempo después, el baterista, junto a Lito dejarían Campanario y pasarían a ser un trío, el mismo que se mantiene hasta hoy.

Pasó un tiempo y encontraron a Érico Olivos, baterista que vivía en calle Buzeta y que estuvo en bandas de la época como El Ojo de Horus, y que estaba más influenciado por el jazz, y así surgieron los cimientos de lo que fue la banda que comenzó no sólo a mirar fuera del país para buscar su sonido, sino que también dentro de este. Y así lo cuenta Francisco:

-Cuando empezamos a tocar recibimos la influencia directa de las bandas de acá que representaban el estilo nuestro, como Congreso y Los Jaivas.

Los Jaivas, Congreso y el Canto Nuevo

Era 1981, uno de los discos más importantes en la escena no solo chilena, sino mundial, apareció para dejar una huella en la historia de la música popular: Alturas de Machu Picchu, una interpretación de los poemas de Pablo Neruda que fueron incluidos en el Canto General y que fueron musicalizados por una banda viñamarina que llevaba años de actividad: Los Jaivas.

Ellos estaban radicados en Francia desde mediado de los 70s por un autoexilio debido a los tumultuosos tiempos que vivía Chile, con una dictadura militar que mataba y desaparecía gente como querían. En 1981, y debido a que no eran perseguidos por este “gobierno” vuelven para promocionar no sólo este nuevo disco, sino que también para dar a conocer la obra audiovisual donde interpretan, junto a interludios del escritor peruano Mario Vargas Llosa, las siete canciones que lo conforman en las mismísimas ruinas de Machu Picchu.

Francisco recuerda que aquel hecho marcó muy fuerte a la música chilena:

-Nosotros, sembrábamos muchas esperanzas con el tema de Los Jaivas, porque era un mito su regreso a Chile. Cuando volvieron, acá en Santiago se produjo una efervescencia con tutti. Empezaron a surgir bandas, y todos querían tocar. Todos queríamos tener acento en la Tierra. Estábamos en plena dictadura, los milicos no nos dejaban escuchar música de afuera, lo que aquí fue mejor porque empezó a renacer todo, entonces Víctor Jara, Violeta Parra, Pablo Neruda, todo eso nos tocó también. Y empezamos a ser parte del Canto Nuevo porque estábamos ligados a él.

-Aparte nos  movíamos en el mismo circulo –recuerda Patricio interrumpiendo desde su asiento.

El Canto Nuevo estaba naciendo en esa época. Este movimiento era la primera respuesta musical surgida en Chile a la represión cultural y general ejercida por la dictadura de Pinochet tras el golpe militar de 1973, o así lo dice el sitio musicapopular.cl. Es considerado como el sucesor de la entonces truncada Nueva Canción Chilena.

Otra banda que influyó en el sonido de Campanario era Congreso. Esta banda de Quilpué llevaba activa desde principios de los años 70, pero en aquel año también estaba marcada por un importante cambio. Su vocalista histórico, Francisco Sazo, deja la banda para estudiar en el extranjero y es reemplazado por un joven chileno/brasilero llamado Joe Vasconcelos. Con él, y junto al bajista Ernesto Hollman, lanzan el álbum Viaje por la cresta del mundo, donde pasan a tomar un sonido más orientado al jazz fusión. Fue este disco, y este sonido el que influenció a Campanario, quienes por ese entonces verían la primera oportunidad de ser reconocidos.

Magnetoscopio Musical

Dentro del cuarto hay una placa conmemorativa colgada en la pared. Aquella placa tiene no menos de 30 años, ya que se puede leer el nombre de un viejo programa de televisión que estaba de moda en aquellos días: Magnetoscopio Musical.

Conducido por Rodolfo Roth, el programa comenzó el año 1981, y era transmitido por Televisión Nacional de Chile. Este era un espacio dedicado a mostrar la música que estaba sonando, recordado es el momento en que superaron el rating de Sábado Gigante (el show más popular de la televisión chilena) con el estreno de “Thriller” de Michael Jackson. Este programa también estaba encargado de difundir la música chilena y por ello organizaba un concurso para llamar a distintas bandas a presentar un tema en el espacio televisivo.

-No recuerdo cómo fue que llegamos al Magnetoscopio, ¿tú te acordai Pato? –pregunta Francisco.

-Teníamos una cinta grabada como se hacía en ese entonces, y por intermedio de la Katy Fernándes escucharon la cinta y nos llamaron.

Katy era una amiga de la banda que cantaba como solista en esos años y a quien habían acompañado en algunas oportunidades. Ella tenía muchos contactos en el medio y por ello le gestionaba algunas de las tocatas a la banda, a la que tenía mucha fe en lo que proponían. Ella fue quien se dirigió a los productores del famoso programa de música y les mostró una cinta que contenía algunas interpretaciones de la banda. Poco tiempo después estaban dentro del concurso.

-Habíamos hecho en ese tiempo buenas migas con gente de la SINAV (Sindicato Nacional de Variedades) y el Sindicato de Artistas –rememora Francisco sobre su amistad con Katy y la gente de ese medio. – Estaba la Paola Zola que era la presidenta en ese tiempo, y habían otras mujeres que nos agarraron buena a nosotros, como éramos cabros chicos. Les gustó la música, nos hicieron un par de conciertos, y por ahí nacieron los nexos para ir a TVN.

La banda presenta en el programa un tema instrumental que se titulaba “En los desórdenes de Julio”, y gracias a este llegan a la final del programa. En la final tuvieron que verse con otros artistas que ya tenían un recorrido hecho, como Florcita Motuda, el conjunto Collahuara y Palisandro, una banda donde tocaba el entonces no tan conocido Antonio Restucci. Pero la coyuntura en Chile, específicamente el inicio de las grandes protestas sociales en contra de la dictadura, comienza a asomarse ante la banda.

-Nos pidieron del canal que le cambiáramos el nombre al tema, por razones obvias –recuerda Provoste. Era evidente que “En los desórdenes de Julio” no era un nombre que agradara a las autoridades del canal, el cual era financiado y dirigido por el Estado, en esos años totalmente militarizado. Pero la solución fue más sencilla de lo que imaginaban. -Le pusimos  “Desconocidos Sustrajeron”, y así nos presentamos.

Al final los ganadores de este concurso fueron Palisandro, la banda de Restucci, pero a pesar de no alcanzar la victoria, si hubo beneficios para Campanario.

-Ahí empezamos a hacer más cosas, tocamos en el Casino de Viña, en el Grand Palace, en el Galpón Los Leones, en el Monarch Plaza, que ya no existe.

Uno de sus hitos más grandes sucedió justo en ese tiempo: Telonear a Congreso, banda que tanto los influyó, en el Court Central del Estadio Nacional.

La vida después de Campanario

A pesar de la alta rotación que tenían en el circuito, donde incluso fueron testigos del nacimiento de una joven banda sanmiguelina llamada Los Prisioneros, que aún no tenía el renombre de hoy (según Pato, estos tocaban con instrumentos de mierda, “como los nuestros”), hubo una deuda que no pudo cumplirse: El disco. Esta deuda quedó impaga porque en 1985 decidieron separar sus caminos.

-Nos separamos por razones personales en realidad, no fueron problemas entre nosotros, más que nada agotamiento y que cada uno emprendió su camino. –reflexiona Provoste. -En esos tiempos tocábamos de lunes a viernes, porque éramos cabros y teníamos ganas de tocar. Yo quería tocar cada día mejor y no podía. Decía ¿qué puedo hacer para que suene mejor la guitarra? Todos pensábamos lo mismo. Lo que nos daba seguridad en ese entonces era la práctica. Tocar y tocar y morir tocando. Llegó el punto en que nos agotamos, aparecieron cosas nuevas a cada uno, y desarmamos la casa donde ensayábamos, esta misma pieza donde estamos.

Patricio decidió terminar su carrera y dedicarse al trabajo audiovisual. Uno de sus trabajos más reconocidos fue dirigir el videoclip de “En todas las esquinas”, uno de los clásicos del grupo Congreso. Pero su vida estuvo ligada a la música durante su tiempo de inactividad con Campanario. El año 2004, el músico y escritor Tito Escárate lo reclutó para tocar en su disco Santos Urbanos, que contó con la presencia de gente como Eduardo Parra de Los Jaivas, por nombrar a uno.

Heraldo Muñoz fue el que la tuvo más difícil. Desde aquellos años, fue siempre quien vivió lejos del resto de sus compañeros, teniendo que tomar locomoción todos los días cuando tenían que juntarse, situación que persiste hasta hoy, y su situación económica no le permitía dar frecuentemente esos viajes en micro.

Francisco y Patricio siempre se mantuvieron en contacto, ya sea en reuniones sociales entre sus familias o compartir un momento de amistad, tocaban algunos temas juntos para entretenerse, pero ninguna de estas terminaban en un regreso a de Campanario

-Nos juntábamos con este weon y yo le decía, ¿por qué no volvemos a tocar? –Dice Provoste -Y él me decía que ya no estaba en esa.

Que Patricio aceptara era vital. Según Francisco “él era la piedra angular del grupo, hacía los solos y tocaba el instrumento que más se lucía” en el sonido de este, aparte de que “componíamos juntos los temas”. Pero su carrera audiovisual no le daba el tiempo, algo necesario para poder comprometerse a aportar en un conjunto musical.

Volver, tocar y seguir tocando

-Teníamos que ponernos de acuerdo nosotros primero y decir, hagamos esta wea –Eso dice Francisco al revisar cómo se fue gestando la reunión de Campanario. –Bueno yo hace unos meses atrás había vuelto a tocar con el bajista, y con el batero que tenemos ahora. Hicimos un trio y tocábamos unos temas míos, tirados pa’l rock. Siempre me preguntaban por el Pato, pero él no tenía disponibilidad todavía.

Patricio, quien ya venía tocando, sólo tenía que dar el sí. Hasta que el 2014 decidió que era el momento. Volvió a su antigua casa, aquella en la que estaban ahora conversando, la misma que albergó tantos ensayos y se reunió con sus antiguos compañeros para reformar a Campanario.

-Esto significaba un desafío grande porque era aparecer con el mismo nombre, con lo cual nos iban a pedir cuenta aquellos que conocían a la banda –prosigue Francisco. –Onda, “¿qué wea están haciendo?” si la música no hubiese sido similar a lo que hacíamos. Entonces eso implicaba agarrar temas antiguos y volver a reeditarlos, y eso fue un sacrificio harto grande porque costó mucho.

No sólo ellos cambiaron, sino que también lo habían hecho sus equipos. De un guitarrón de doce cuerdas que eran bastante duras, pasaron a tener guitarras más nuevas. El piano de cola ahora era reemplazado por un set de teclados más convencional. Aun así conservaban algunos de sus viejos instrumentos, como la trutruca. También tenían un nuevo baterista, Alexis Rivera, quien conocía al bajista Heraldo Barahona e inyecta la sangre joven a la nueva era del conjunto.

El desafío más grande fue volver a tocar los temas que no hacían hace más de 30 años. Francisco cuenta que demoró dos semanas en poder recordar cómo interpretar uno de estos.

-Pero era más bien agarrarle la manija a la máquina. –dice Patricio. –Habíamos tocado juntos antes, porque nos reuníamos desde el 85, pero otra música. Nuestros temas eran más complejos.

El resto de la formación de los años 80’s siguió su propio camino. El ex charanguista ya no se dedica a su viejo instrumento y está tocando guitarra de forma aficionada. Olivos se dedica a tocar en una banda de jazz en circuitos pequeños. Pero Francisco y Patricio consideran que lo vital para regresar era reunir al trio que formaban con Heraldo ya que eran la fuerza motriz de Campanario.

Ahora la banda continúa tocando, y parte de su material, que fue registrado por fanáticos, ronda por el internet, y el mismo Francisco también se ha encargado de divulgar archivos donde interpretan sus canciones. Aun así, falta saldar la vieja deuda, un disco nuevo.

-Tenemos 2 temas. Hay que terminarlos y vamos a hacer un disco con 8 canciones máximo, donde también habrá temas antiguos.

Pero el regreso también ha tenido que sufrir las complicaciones de la burocracia, ya que también deben registrarse en la actual Sociedad de Derechos de Autor. Patricio dice que su vieja inscripción en Pequeño Derechos de Autor ya no es válida para esta institución, mientras que Francisco lo ve con algo más de recelo.

Tenemos que averiguar bien igual de qué se trata la wea, porque hemos recibido opiniones de que es un tejado de brujas. Están metidos todos esos weones: Scaramelli, la familia de Lagos-Nicole, una mafia. –reflexiona Patricio. –Porque claro cuando ponen 20% de música nacional en las radios suenan los mismos weones. ¿Y qué pasa con el resto de artistas que tiene la SCD? Aparte no podí ser parte si no tení un disco grabado, y tienes que inscribirte para que te presten la sala SCD (recinto de conciertos). Así que creo que es una wea que no está bien manejada.  Y que hayamos sido parte del PDA no sirve, entonces de qué sirve estar del año el cuete tocando, hacer causa común con muchas cosas si viene otro compadre y se toma el tecito a nombre de uno, igual con el Pato no hablamos mucho del tema.

En fin, Campanario vuelve. El mismo trío ahora ensaya en su sala, excepto aquel día en que uno de ellos enfermó. Con nuevas tocatas, metas y discos en el horizonte, Francisco, Patricio, Heraldo, y ahora Alexis, vuelven a esa casa de Maipú donde muchos de sus temas nacieron, para seguir creando, con el conmemorativo de Magnetoscopio Musical colgado y con viejos recortes del Café del Cerro guardados en polvorientas carpetas recordando un legado que la gente poco recuerda, pero que puede volver mientras ellos sigan tocando juntos.

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