Estás en
Inicio > Literatura > El inútil premio de la inmortalidad

El inútil premio de la inmortalidad

«Los triunfadores son aburridos».

***

A pesar de ser entrevistas dadas en distintos períodos, Jorge Teillier parece no cambiar de estado, parece no ser dado al envejecimiento ni al infantilismo. Es un mismo y variado Teillier, sentado en una mesa y respondiendo al periodista sólo para acortar la llegada del vino tinto. Su lenguaje oral no cae ―o se eleva― hacia figuras poéticas dadas a lo bello, porque su sola y circunstancial existencia basta para sopesar el tedio de lo cotidiano. Sentencias aparecidas como flatulencias desganadas, o como razonamientos del suelo arenoso ambientado por la ventisca.

***

Por ahí, quizás, la colección Umbrales de la memoria tiene esa virtud: de una comunicación cotidiana recortar aquellos aspectos relevantes y elevándolos a un tono poético similar al de la producción habitual del escritor. Un ejemplo: «Mi médico me recetó dos copitas de vino en la noche, pero se le olvidó decirme de qué porte».

***

El Jorge Teillier oral es en algo parecido al escrito, aquel de los libros El árbol de la memoria o de Crónica del forastero. El transitar de temas se asemeja a las de cualquier ser humano habitante de un lugar público, a quien da una idea en bruto sin mucha elegancia estilística y sucede de una conversación a otra como si se tratara de avanzar un pie después del otro al momento de caminar. No por nada señala que «armo las poéticas después de que escribo, antes no. Porque primero está la palabra y después la idea».

El poeta es un hombre público, de bares y comunicaciones cotidianas. Primero está el ser humano, después el poeta, porque el ser poético si bien comprende un proceso vital alienado con el cuerpo, este no es el mismo en su producción. «Me cuesta mucho escribir ―señala Teillier―, porque es un proceso de desdoblamiento». Sin embargo, el poeta y el hombre, o el hombre y el poeta, no son disímiles: «Tú te dirás que nadie me obliga, pero me sentiría muerto si dejara de escribir, es como privarse de sueños».

***

«La mujer humilde ve al hombre que bebe como un niño que anda con sus amigotes. Las más civilizadas o intelectuales creen que pueden cambiarlo. Se aprobleman.»

***

El desdoblamiento como necesidad frente al mundo es dogma en Jorge Teillier. Para ello invita al vino como acompañante silencioso y fútil. La relación de éste con el poeta se acentúa no tan sólo en este libro, y de tal emparejamiento no resulta otra cosa más que un habitante aburrido de su entorno. Porque el trago no es un fin en sí mismo, es, considerablemente, un salteador de caminos. «Prefiero no estar lúcido, tú sabes: el aburrimiento, el tedio. Bebo cuando no estoy en lo que me gusta».

El alcohol funciona como ayuda, es un ente categorizador de la realidad. Por sí solo evade y pone al mundo en su lugar. La lucidez desajusta lo cómodo de lo molesto, lo real de lo ficticio, aborda todo elemento y lo nubla en una suma de contradicciones que son mejor referencia para el entendimiento. Las cosas, tal cual son, no dice nada. ue es un proceso de desdoblamiento». Sin embargo, el poeta y el hombre, o el hombre y el poeta, no son disímiles: «Tú te dirás que nadie me obliga, pero me sentiría muerto si dejara de escribir, es como privarse de sueños».

***

El pensamiento y sus ideas mutan, devienen en ramificaciones. El montaje reajusta su unión perdida en el tiempo y da cuerpo a concepciones más entendibles. Obviamente no son ideas de pensadores sistemáticos, porque dudo que pretendieran serlo; son, más bien, vagas intuiciones sobre uno u otro tema respaldadas por la reiteración y sus matices. Esta colección de Alquimia Ediciones da esa gratitud: ver a los escritores desde otra dimensión, una que lo refleja como intelectual de su tiempo, como un dialogante interrogador de su contemporaneidad para sacar las virtudes y los desechos de la misma.

Increpa. Da bola a sus propios intereses, y ello muestra al que pocas veces se ve, el que se ocultaba entre libro y libro y quien en entrevistas aparecía en plenitud pero cada cierta cuota de tiempo no menor. El ejercicio en cuestión, llevado por Cristian Jara Toro, permite unir todos los balines salidos de una escopeta, y apreciar al tirador con mejor ángulo. dirás que nadie me obliga, pero me sentiría muerto si dejara de escribir, es como privarse de sueños».

13716057_1190714304312024_8592312314819190866_n

“El retorno a la aldea. Extractos de entrevistas a Jorge Teillier”

(Montaje y edición de Cristian Jara Toro)

Jorge Teillier

Alquimia Ediciones, 2016

78 págs.

Loading Facebook Comments ...
Top